miércoles, 12 de diciembre de 2012

Las otras adicciones...que matan la felicidad

Pedro Antón Fructuoso
Psiquiatra. Director Clínica CMN

El término adicción ‐que proviene del inglés addiction‐ significa "sumisión de alguien a un dueño o amo", se reserva no sólo para aquellas drogas (legales o no) como el alcohol, opiáceos, cocaína, anfetaminas, etc., sino también para aquellas actividades legales como la alimentación, el sexo, la televisión, el juego, el trabajo, etc., lo que se denomina adicciones sin droga (toxicomanías sin tóxico) que suelen tener, a veces, tanta potencialidad adictiva como las adicciones con droga y que, en cualquier caso, es una fuente de infelicidad para las personas que sufren estas dependencias, ya que se sienten incapaces del control de los impulsos que se originan con la propia adicción. 
 
Cada día aumenta el número de jóvenes y también de menos jóvenes ‐las adicciones se pueden presentar a cualquier edad‐ que pueden sufrir las conductas adictivas, por las circunstancias tan propicias que se dan en el mundo actual. Entre éstas, el vacío y el aburrimiento (lo que no deja de ser paradójico en una sociedad en la que se disponen de múltiples medios para el disfrute personal), también la tendencia inmediata a la gratificación (generalmente por una educación permisiva y orientada a satisfacer las necesidades del niño, sin ninguna exigencia) o la pérdida de valores de la sociedad actual que confunde con sus mensajes a tanta gente joven (hay que conseguir el placer, como objetivo primordial, etc.).
No es infrecuente que acudan a la consulta personas, generalmente adultas, que tienen una adicción a Internet. Las formas de adicción dentro de Internet pueden ser muy variadas ‐muchas veces puede alimentar otras adicciones (al sexo, pedofilia, etc.)‐ y cuando se trata de una adicción propia a Internet (descrita por Ivan Goldberg, 1995), se presentan los síntomas típicos, como en el abuso de sustancias tóxicas:
 
a) Tolerancia (necesidad de incrementar la cantidad de tiempo de Internet para obtener satisfacción).
b) Abstinencia, con síntomas típicos de ansiedad, pensamientos obsesivos sobre Internet, agitación, etc.
c) Se accede a Internet con más frecuencia o por periodos más largos.
d) Esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir el uso de Internet.
 El perfil psicológico de estos pacientes se caracteriza porque suelen ser personas con baja autoestima y marcada introversión, además de un nivel alto de búsqueda de sensaciones; también suelen presentar timidez y, a veces, fobia social. Tienen una fantasía descontrolada, la atención dispersa y fácil distraibilidad.
Suele existir una relación entre un alto uso de Internet y la presentación de un trastorno depresivo, aunque es difícil establecer si la depresión es causa o efecto de la adicción a internet. A menudo está presente y es frecuente en todas las adicciones, el sentimiento de culpabilidad y la tristeza que pueden acentuar la propia adicción, estableciendo un circulo vicioso que conlleva una importante alteración en la conducta de la persona adicta.
 
La adicción al sexo, puede darse en formas muy diversas: consumo indiscriminado de pornografía, visitas incontroladas a sexshops, uso de líneas eróticas, prostitución, pedofilia, etc. Generalmente se trata de un varón, con un impulso incontrolado dirigido a la práctica sexual física y anónima en forma de acto breve, con frecuencia poco satisfactorio que se repite con intervalos variables siempre cortos (entre algunas horas y escasos días). La personalidad previa del adicto al sexo suele ser débil e impulsiva. Alguno de sus rasgos, como fuerte subordinación a la imagen materna, la inseguridad de sí mismo, el vacío existencial, etc. facilitan la entrada en la adicción.
 
La adicción al juego (ludopatía), consiste en un impulso incontrolado que se acompaña de fuerte tensión emocional y no se deja influir por el pensamiento reflexivo.
El ludópata persiste en sus conductas a pesar de las consecuencias negativas que éstas provocan en el ámbito personal, familiar, conyugal, laboral y social de los individuos que por lo general se encuentran profundamente afectados. No existe un perfil específico de la personalidad, sino distintos rasgos predisponentes que pueden coincidir con los registrados en otras adicciones, sobre todo la falta de capacidad para el autocontrol, la baja autoestima y algunos rasgos de la personalidad límite, la personalidad narcisista y la personalidad antisocial. A veces, el origen de esta adicción está condicionado por un estado de alcoholismo o de dependencia de otras drogas o por un cuadro depresivo.

Los adictos al trabajo, generalmente son hombres y de mediana edad (entre los principales profesionales que sufren esta adicción se encuentran médicos, abogados, periodistas y  ejecutivos), que hacen del trabajo el centro de su vida y descuidan la vida familiar y social. Intentan llenar con el trabajo un vacío (existencial)
que les ocasiona gran ansiedad. El autor V.Frankl llamó neurosis dominicales a la situación de angustia creada los días que no se permite legalmente trabajar. Los síntomas de ansiedad, insomnio, irritabilidad y depresión acompañan a esta adicción. 
El tratamiento de las adicciones, se centra en una combinación de tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, con adopción de medidas específicas para cada tipo de adicción. Los fármacos empleados suelen ser los antidepresivos (inhibidores de la recaptación de serotonina, tricíclicos) y ansiolíticos (benzodiacepinas) y las psicoterapias individual (cognitivo‐conductual) y de grupo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

PROBLEMAS ALIMENTARIOS EN LA ADOLESCENCIA


Dra.Paloma Navarro GómezPsiquiatra
Clínica Mediterránea de Neurociencias

El acto de alimentarse, una función fisiológica de nuestro cuerpo como dormir, se transforma en una forma de vivir y de angustia vital para las personas con trastornos alimentarios.

Cabe pensar que la anorexia definida por dejar de comer, podría y lo es, ser distinta en sus síntomas de la bulimia (atracones de comida y vómitos generalmente). Sin embargo ambas patologías se sustentan y tienen en común, una relación anormal con el acto de alimentarse y en el miedo a engordar, la común “obesofobia” y que presentan también muchas personas que no están enfermas.

Nos encontramos con una adolescencia más temprana que hace años; y por ello los pacientes que acuden con trastornos alimentarios son cada vez más jóvenes. La adolescencia entendida como el paso de la infancia a la vida adulta, hoy en día se presenta desde los 10 años en adelante.

La anorexia, bulimia, obesidad y las adicciones en general, se “ceban” en esta etapa de la vida tan caótica, la adolescencia, ya que es una etapa de cambio físico (la aparición de primeros cambios corporales ocurre entre los 12 y los 14 años, y aún antes) y de madurez sexual y emocional.

El adolescente que vive “mareado” con los cambios en su cuerpo e intenta desvincularse ligeramente de su familia para irse con los amigos y las primeras parejas, se encuentra desprotegido en su nueva identidad que está construyendo. Es ahí donde surgen muchos cuadros de anorexia y también de bulimia.

Realmente hay similitudes entre ambas patologías (anorexia y bulimia) y es que nunca en estos cuadros, la causa se reduce al simple hecho de tener un ideal de belleza, hay algo más sin lugar a dudas.

¡Me niego a comer! No es siempre un cuadro de anorexia, a veces es rebeldía, de echar un pulso a los padres, otras de querer tener mejor cuerpo y otras de autoafirmación de la ideantidad. No siempre hay que alarmarse, lo podemos y debemos respetar, salvo cuando veamos que es permanente, obsesivo en exceso y que la pérdida de peso es llamativa o los vómitos superan a la persona. Antes de alarmarse por conductas anorexígenas (dietas) o buleiformes (vómitos) que pueden ser transitorias, sería útil que las madres conversaran del tema con sus hijas. Las razones por las que uno deja de alimentarse de manera suficiente o adelgaza en exceso pueden ser diversas y esto es lo primero que hay que tener en cuenta para hacer un buen diagnóstico. Un adolescente deprimido puede no querer comer, pero ahí lo que le ocurre es la depresión como nuclear.

La anorexia y la bulimia, son dos caras de la misma moneda, en una no se come nada y en la otra se vómita lo que se come. El caso es son distintas y parecidas, ambas se apoyan en una angustia de tipo existencial que desborda a la persona.

Muchas veces aunque nos cueste entenderlo, perder la infancia, ese cuerpo infantil que pasa a ser un cuerpo adulto, perder la protección de los padres que sentíamos durante la infancia, hace que en esa etapa de pubertad aparezca esa actitud regresiva, “negándose” a avanzar y para ello uno deja de comer y se queda en casa con los papás y su cuerpo de niño en resumen.


Cuando los padres sin darse cuenta, se oponen a la maduración de sus hijos con excesiva protección están “infantilizándolos” en una etapa donde lo que les toca es transformarse, protestar, creer que crean unos valores propios y rebelarse contra la autoridad de los padres. No se debe vivir eso como un ataque familiar, sino como el proceso normal de maduración personal. Cada adolescente tiene su ritmo, como dice el dicho popular “hay gente que madura antes y otra después”. Respetar el ritmo de la persona sin impedir el crecimiento, esa es la clave, ya que madurar a los 15 años, es igual de normal que hacerlo a los 11 o 12 años, porque es el propio cuerpo, con la aparición de los primeros rasgos sexuales femeninos o masculinos quien así lo decide.

Desde hace años desde la psiquiatría se intenta dar respuestas a las causas, y eso se percibe cuando la familia te pregunta varias veces ¿Por qué me ha tocado a mí? ¿Qué he hecho mal?  La verdad, buscar culpables es seguir engañándonos. Partir de la base que siempre unos padres quieren lo mejor para sus hijos, es la verdad. En ese camino de darle al hijo lo mejor, no hay culpables nunca. Sin embargo hay conflictos, dificultades de relación familiares y otros motivos que se deben abordar cuando aparece un cuadro así, de ahí la Terapia Familiar indicada en muchos casos.

Estos trastornos tienen múltiples causas, es así, luego no podemos decir que la culpa es de la sociedad, de la familia, de la paciente, de aquélla amiga que le dijo tal cosa, etc. No hay culpa, hay un montón de factores que al final hacen que surja un trastorno alimentario en un momento dado. Ojalá tuviéramos un solo factor causal, sería más fácil poder neutralizarlo. Pero lo que realmente es tranquilizador y optimista es que estos cuadros se terminan curando casi siempre, de hecho, cronifican del 5 al 7% en adolescentes según los últimos datos. Por ello debemos de seguir explicando y hablando sobre ellos para que tanto familiares como profesionales podamos saber más sobre esta epidemia contagiosa y así ofrecer todos los recursos posibles que tenemos hoy día desde la Salud Mental.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

MI HIJO NO PUEDE ESTARSE QUIETO

Dra. Auxi Javaloyes
Psiquiatra Infantil. Servicio de Salud Mental del Niño y del Adolescente CMN.
Hay un grupo de niños y niñas en los que los padres utilizan frecuentemente expresiones como 'no puede estarse quieto', 'desde que empezó a andar no ha parado ni un segundo', 'no puede jugar con el mismo juguete ni un minuto', o 'la profesora dice que no consigue que se siente en su mesa'. Estos comportamientos están presentes en todos los contextos en los que se desenvuelve el niño (familia, colegio, amigos) y por lo general el grado de severidad es tal que los padres piden ayuda a edades muy tempranas.
Hace unos años, debido a un desconocimiento de lo que se escondía detrás de estas dificultades estos niños eran catalogados como niños malos, se tendía a culpar a la familia por su incapacidad para controlarlos, y de alguna manera estaban destinados a un fracaso importante tanto a nivel académico como familiar y social. A lo largo de los últimos años, se han realizado muchos estudios tanto en nuestro país como fuera para intentar entender el por qué de estas dificultades, y para encontrar tratamientos efectivos. El avance tanto en el reconocimiento como en el manejo ha sido muy grande, hasta el punto de que prácticamente todas las familias han oído hablar del término 'hiperactividad'.

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (más conocido como hiperactividad a secas), es el problema psiquiátrico más frecuente en los niños de edad escolar. Las cifras de prevalencia que se manejan tanto en nuestro país como en el resto de Europa son de entre un 5 y un 10%, con una frecuencia de 4 niños por cada niña. Los tres pilares básicos para el diagnóstico de este trastorno son: la hiperactividad, la dificultad manteniendo la atención y la impulsividad. Estos síntomas han de estar presentes en todos los entornos en los que el niño se desenvuelve, y tienen que ser lo suficientemente severo para tener consecuencias claramente negativas en su desarrollo personal, en su funcionamiento académico y en las relaciones que éste mantiene con los compañeros o con otros adultos.

Existen diversas teorías sobre la causa de este trastorno. La más aceptada es la que defiende que se debe a cambios neurológicos menores y que debido a ellos, los niños no poseen el filtro natural que permite discriminar entre los estímulos que son importantes de los que no lo son. Esto va a causar una incapacidad de seleccionar la información que es relevante (aparente inatención), una actividad aumentada en respuesta a estos estímulos (hiperactividad), y una incapacidad para controlar los impulsos. Estas dificultades están presentes desde los primeros años de vida, y por lo general si existen hermanos o hermanas éstos suelen tener temperamentos totalmente diferentes.

Como ya hemos dicho, las consecuencias a medio y largo plazo pueden ser muy negativas si no se interviene. A estadíos tempranos los niños se enfrentan con una dificultad para mantener amigos (ya que tienen poca capacidad para tolerar el perder, para ceder, y para jugar en equipo), con un deterioro de la conducta importante (crecen con riñas y castigos continuos, lo que hace que tanto ellos mismos como los demás los etiqueten de niños malos y que se creen una reputación que luego han de mantener), y con un deterioro importante del rendimiento escolar a pesar de que tengan una buena capacidad de funcionamiento.

A la hora de realizar el diagnóstico además de una detallada historia personal y familiar, es importante el ponerse en contacto con el colegio, y el confirmar que el niño presenta las mismas dificultades a nivel escolar. El diagnóstico se puede realizar a la edad de 5 o 6 anos, pero es frecuente que las familias no acudan a pedir ayuda hasta unos anos después cuando la hiperactividad ya está complicada con problemas de conducta serios y con un bajo rendimiento escolar. El retraso a la hora de pedir ayuda se suele deber al miedo existente a nivel familiar de que se le culpe del problema. Además de la entrevista clínica y del contacto con el colegio, existen cuestionarios específicos que nos van a ayudar a confirmar el diagnóstico, y es importante el descartar la existencia de enfermedades físicas.

Las intervenciones terapéuticas han de estar supervisadas por un profesional en salud mental infantil, que se encarga además de coordinar las actuaciones de los distintos profesionales (profesores, pediatras, psicopedagogos, etc.). El manejo terapéutico va a consistir en intervenciones familiares e individuales. La terapia individual va a tener como principal objetivo el ayudar al niño a organizarse, discriminar información y entrenarlo en habilidades sociales y de relación. La terapia familiar es primordial ya que va a ser esencial el ofrecerle un manejo consistente, con unos límites claros y una estructura de las actividades tanto en casa como en el colegio. Al mismo tiempo hay que mantener un contacto directo con el centro educativo, para explicarles el tipo de trastorno y darles pautas de manejo claro. En los casos más severos o en los que se produce solo una respuesta parcial a las intervenciones terapéuticas, se utiliza de forma paralela tratamiento farmacológico, que se mantiene hasta la adolescencia, edad a la que este trastorno se suele resolver.

El pronóstico a largo plazo depende por lo general de lo temprana que sea la intervención, de la existencia de problemática familiar, y del temperamento de base del niño. Existe un porcentaje muy alto que va a desarrollar un trastorno de conducta posteriormente (sobre todo si no se interviene), empeorando así el pronóstico. Por lo general con la llegada de la adolescencia se produce una clara mejoría en este trastorno.

Sin ninguna duda el ser inquisitivo, inquieto e impulsivo son características propias de ser niño. A pesar de ello, va a existir un grupo de niños en los que va a existir una diferencia cualitativa clara con el resto de compañeros. Como ya hemos visto el trastorno por déficit de atención con hiperactividad es un trastorno en el que existe suficiente información para identificarlo y tratarlo de forma adecuada. Es importante para los padres el reconocer estos signos en sus hijos y el buscar la ayuda necesaria, ya que se pueden prevenir consecuencias negativas para el futuro del niño.
Más información sobre la Unidad de Salud Mental del Niño y del Adolescente en
http://www.cmn-alicante.com/servicios-hospitalizacion/unidades/infantojuvenil/presentacion.html
 



viernes, 30 de noviembre de 2012

A MÁS LONGEVIDAD, MÁS DETERIORO


Dña. Begoña Martínez Pelegrín
Neuropsicóloga. Coordinadora de la Unidad de Daño Cerebral y Rehabilitación de Enfermedades Neurológicas.

El aumento de la esperanza de vida conlleva la aparición de enfermedades en personas mayores.
El actual incremento de la esperanza de vida en la población conlleva que aparezcan enfermedades y síndrome asociados al envejecimiento. Entre aquellos que hallamos en persona mayores se encuentran las relacionas con el cerebro, con la función cognitiva: el deterioro cognitivo leve y las demencias.

En la actualidad existen divergencias sobre las bases teóricas del deterioro cognitivo leve (DCL) pero es un concepto que se usa para definir un síndrome clínico que aparece en personas mayores donde sucede un deterioro de los procesos mnésicos, es decir, una alteración en la memoria.

Entre los criterios diagnósticos que actualmente se utilizan entre los profesionales para catalogar el DCL se incluyen quejas de pérdida de memoria, preferiblemente corroborado por otra persona (familiar o cuidador) que deben ser corroboradas mediante la realización de test neuropsicológicos como una alteración de la memoria con respecto a lo que correspondería para la edad  y el nivel educativo.

Estudios poblacionales muestran que la prevalencia del DCL es de un 30% en personas mayores de 65 años. Al igual que ocurre con las demencias, el DCL aumenta con la edad y con el menor nivel educacional.
Dicha prevalencia lleva a que las quejas sobre la función cognitiva de los pacientes sea un motivo creciente de demanda de atención neurológica, por un lado y de un aumento en la investigación sobre enfermedades neurodegenerativas y el DCL.
Se cree que este grupo de pacientes tiene un riesgo elevado a desarrollar la enfermedad de Alzheimer, sugiriéndose que entre un 10-20%% de estos pacientes desarrollan la enfermedad en comparación con un 1-2% de personas sanas de la misma edad.

La aparición de diferentes síntomas y la evolución de los mismos suponen que aunque en fases iniciales las actividades de la vida diaria aparecen conservadas, es a través del tiempo cuando surge el menoscabo de las mismas, convirtiéndose en una preocupación tanto de la persona afectada como de la familia, disminuyendo la calidad de vida en este grupo de población.
Por todo ello se hacen necesarias dos cuestiones importantes:
-La primera de ellas tiene que ver con la detección temprana del cuadro, que resulta de especial importancia dada las tasas de desarrollo de una enfermedad neurodegenerativa posterior.

En la actualidad, tanto la investigación como la actividad clínica nos han dotado de pruebas diagnósticas que nos ayudan a detectar estos primeros síntomas, de entre ellas las evaluaciones cognitivas-neuropsicológicas toman un importante papel. En este nuevo grupo de pacientes se está desarrollando una amplia línea de investigación que busca definir factores predictores de demencia y encontrar estrategias terapéuticas para retardar un deterioro cognitivo mayor, y evitar una mayor afectación sobre la calidad de vida de estas personas.
Pero no sólo esta detección recae sobre los profesionales clínicos, sino que un papel fundamental descansa sobre aquellos que conviven con el afectado. Pequeños olvidos son los primeros que dan la pista. Descuidos en el hogar como no tender una lavadora, dejar un cazo en el fuego, pequeños desarreglos en el aseo personal, preguntar varias veces lo mismo, repetir tareas que se acaban de hacer, olvidarse del nombre de algunas personas, aumento de síntomas ansiosos o agitación son señales que pueden pasar desapercibidas y que no tienen por qué significar nada, pero si se repiten en el tiempo, deben avisarnos de que es posible que un problema esté apareciendo.

-Por otro lado, surge la necesidad de tratamiento  de este grupo de población. Actualmente no disponemos de ningún recurso que evite la aparición de una enfermedad neurodegenerativa, pero sí contamos con medios que permiten retrasar los síntomas asociados, síntomas cognitivos, psiquiátricos, conductuales y por ello de retrasar un descenso en la calidad de vida de estas personas.
La terapéutica no es sencilla. Los recursos farmacológicos de los que disponemos son limitados, no dando respuesta a esta problemática en estadíos tempranos. Uno de los recursos que apunta a mejorar los síntomas que se presentan y retrasar la posible aparición o gravedad de otros son las terapias que se engloban dentro de lo que se conoce como “estimulación cognitiva”. Dentro de estas terapias se persigue el estimular, a este grupo de población a través de talleres o programas de memoria, atención y actividades de la vida diaria con el fin de mejorar la sintomatología que presentan, preservar aquellas funciones susceptibles de cambio y entrenar en hábitos importantes para la autosuficiencia en el manejo de lo cotidiano. Así mismo es un buen recurso para la familia, puesto que por un lado reciben información y claves para ayudar al manejo diario del día a día y los efectos que la pérdida de memoria u otras habilidades suponen. Por otro lado son entrenados para ser un apoyo importante dentro de la compensación y mejoría de las pérdidas que implica la disfunción cognitiva. Además conviene tener en cuenta la alimentación mantener una vida social y familiar activa, seguir realizando todas las tareas cotidianas que sean posibles y realizar algún tipo de ejercicio físico.

En conclusión, ésta es una realidad cada vez más frecuente en nuestros hogares. Realidad que debe ser tomada en cuenta tanto por profesionales y familiares para detectar y tratar cuando todavía no se ha producido un deterioro significativo de las actividades de la vida diaria y que nos permita mantener y cuidar al máximo de las posibilidades disponibles la calidad de vida de nuestros mayores.

martes, 27 de noviembre de 2012

TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD: Un futuro esperanzador


En los comienzos del siglo XXI en la Salud Mental nos hemos encontrado desbordados en las consultas, desde la Anorexia y Bulimia hasta las adicciones múltiples, llegando a los Trastornos de la Personalidad.

Siempre se ha asociado el término locura a unos pacientes que están “fuera de la realidad”, a la psicosis principalmente, pero ¿no está fuera de la realidad el maltratador o la anorexia o simplemente nosotros cuando no aceptamos que no está todo lo que queremos disponible llegando a enloquecer como niños? Vamos a respetar la palabra locura y dejarla a un margen.

Cuando se definió el término locura, los “locos” eran encadenados con cadenas pesadas para que no se escaparan y considerados endemoniados en los antiguos asilos. Fue Pinel, médico del siglo XVIII, quien les quitó las cadenas, los limpió y dijo que no estaban embrujados, comenzando a tratarlos dignamente como enfermos y como personas. Desde entonces, han pasado muchas cosas y la salud mental ha avanzado hasta el dia de hoy de forma exponencial, pero tenemos que seguir quitando cadenas.

 El Dr. Lopez-Ibor advierte textualmente que “los principales males que centran la atención en el campo de la psiquiatría de nuestra época ya no son los extraños locos de los asilos o de las calles, sino fenómenos de suicidios en adolescentes, violencia juvenil y doméstica o el abuso de drogas”.

Lo primero a plantear es la idea de si son enfermos o no. Tal vez lo más prudente sea deducirlo, decir que si acuden al psiquiatra, psicólogo, urgencias, etc., con sufrimiento, autolesiones, ideas suicidas y conflictos en general, será que “algo” les pasa. En mi opinión claramente son enfermos, pero las cadenas las tienen puestas  “en su carácter” principalmente y esto no se entiende tan claro y nítido como se podría entender en una enfermedad muy conocida como es la Esquizofrenia, de ahí que sus familiares se desesperen todavía más.

Desde las definiciones que se han dado, podría decirse de los Trastornos de la Personalidad que son aquellas personas con dificultades claras arraigadas en su carácter y en su conducta, con dificultades que se empiezan a manifestar con claridad en su juventud.

 Lo más fácil primero sería entender qué es la personalidad. En el ser humano hay como un trípode que lo conforman la constitución (el cuerpo), el temperamento y el carácter.

Lo que ocurre es que la constitución y el temperamento (determinada forma de reaccionar congénitas) obedecen más a la herencia genética y el carácter, sin embargo, surge cuando interacciona eso que traemos de casa (el temperamento) con el medio ambiente (padres, amigos, hermanos, rupturas, humillaciones, etc.) y de esa interacción que se va formando desde que somos pequeños surge el carácter.

Pero es que, además, lo que coloquialmente se denomina “mi forma de ser” (el carácter) es un peso muchas veces para la persona, porque es una forma “automática” en la que “yo” me manejo todos los días porque he aprendido a hacerlo así para defenderme de la vida, por eso hay gente más masoquista que otra, otros más extrovertidos, otros más solitarios y otros tremendamente suspicaces que sospechan hasta de su sombra.

 En los Trastornos de la Personalidad es donde hay un carácter patológico que dificulta la convivencia consigo mismos y con los demás, todo esto de una forma repetitiva como hemos dicho, automática y permanente en su vivir diario. Según en que área vital se está produciendo el sufrimiento se podrá hablar de un tipo u otro de Trastorno de Personalidad. Pero más allá de los tipos, lo que importa es que ese desequilibrio emocional y vital, común en casi todos, crea una angustia devastadora y  se trasluce apareciendo dificultades en la familia, el trabajo, la salud, el amor, y también las conductas anómalas por las que se expresa este desequilibrio: adicciones, trastornos alimentarios, violencia física y/o verbal y los intentos suicidas. Muchas veces estas conductas son vías de escape a esta gran angustia que sufren, pero no su patología central (el carácter).
 
Lo que queremos transmitir es un futuro más esperanzador para estos pacientes, porque psiquiatras y psicólogos tenemos mayor conocimiento teórico de ellos. La investigación biológica y genética así como en Neuroimagen están fuertes en este campo, igual que el avance de una psicoterapia más específica para ellos.

Estamos claramente más preparados que antes y aunque se habla alguna vez como los “nuevos pacientes crónicos”, ya no es lo mismo, quitaremos poco a poco sus cadenas y seguiremos trabajando por darles el espacio digno que se merecen en la salud mental de hoy.


Dra. Paloma C. Navarro Gómez
Psiquiatra. Clínica Mediterránea de Neurociencias