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miércoles, 30 de enero de 2013

SENTIMIENTOS HUMANOS


Paloma C. Navarro Gómez. Psiquiatra.
No existe un ser humano que no haya conocido sentimientos y emociones como envidia, odio, amor y deseos, de forma más o menos constante.

Una de las diferencias con los animales es que tenemos razón y capacidad de decidir qué actitud tomamos frente a la vida, tenemos capacidad de amar sin censuras u odiar “a muerte” y capacidad de poder disfrutar a veces de nuestros deseos.

Hay otras veces que es al revés, hay decisiones vitales en las que no nos permitimos desear cosas y lo reprimimos de forma consciente o de forma inconsciente y aparecen  en este último caso cuadros en psiquiatría complejos como la patología psicosomática o cuadros de histeria (cojeras psicológicas, gritos incontrolables, parálisis del brazo sin causa médica, etc.) que tan frecuentes eran en el siglo XIX (el siglo de la represión del deseo como estilo vital).

El sujeto mezclado con la realidad, el “individuo social”, tiene que tener conflictos. Es imposible que un terapeuta trabaje “bien” con una persona sin tener en cuenta el contexto social en que vivimos ¿son las mismas demandas de hoy en psiquiatría que las que había después de la guerra civil? El equilibrio del individuo pasa obligadamente por las tres dimensiones fundamentales en su vida: la pública, la privada y la íntima (estar en paz contigo mismo): en todas influye el contexto social en que nos toca vivir, sobre todo en la parte íntima.

Tan importante es el contexto social, que en la revolución romántica del XIX se veía normal batirse en duelo dos hombres para salvar su honor, era un acto normalizado socialmente que hoy nos parecería ridículo o la “alienación” a la que ha estado sometida en otras épocas la mujer española, al mantenerla en un estado de estupidez perpetuo y que tanto llenó las consultas de psiquiatría de analfabetismo, incomunicación y miedo a expresarse, problemas sexuales, viudedad forzada, depresiones leves sustentadas sobre conflictos psicológicos (hoy llamadas distimias) etc.

AGRESIVIDAD
El ser humano tiene agresividad innata. Pasar de la agresividad a la violencia es un acto voluntarioso. No se puede hacer en el sentido ético, humano ni social. Hay personas más agresivas que otras, pero la razón y los valores que cada uno se va construyendo en un largo camino personal, te pueden  permitir parar ese huracán.

Tantas horas al día haciendo cosas que no queremos… normal que vayamos acumulando grandes dosis de rabia, la cual está muy relacionada con la capacidad de expresar lo que queremos realmente hacer o no. Unos sienten la rabia en la mandíbula, otros en los puños, otros en los músculos  y otros tienen el mecanismo de defensa mental tan estructurado que, en vez de notar corporalmente que están rabiosos, la persona se va a comprar compulsivamente al supermercado varias cosas que no necesita o  pone el coche a 180 Km. En la consulta nos percatamos que debajo de personas rabiosas contenidas, lo que hay es mucho dolor y a veces un trastorno depresivo enmascarado. No sé en qué punto vamos creciendo y considerando que sólo la gente que siempre está templada es la que está en paz consigo mismo.


ODIO
Un gran terapeuta dijo “a veces las aguas más tranquilas, son las más podridas”.

En esto de lo sentimientos el concepto de normalidad induce a confusión. Hay amores anómalos y odios normales y pasajeros. El odio va encaminado a la destrucción literal de alguien, ésa es su función. Hay gente que no conoce el odio, tampoco podría entenderlo, es como que un ciego entienda lo que es el rojo ¿quién no habrá odiado alguna que otra vez?.
Odiamos con la pretensión de que nuestra identidad esté a salvo de ese alguien que la amenaza, luego pienso que cuanta mayor integridad y seguridad personal, menos odio existirá en mí. Nadie feliz, satisfecho de sí, puede odiar compulsivamente.
El odio inducido es un aprendizaje emocional y sentimental; es decir se aprende a odiar también. Esos odios que se transmiten de generación en generación son el resultado de ese aprendizaje. Esto se ve claro en los jóvenes de hoy (el odio une al grupo adolescente). Odiar tiene su precio: es ese estado de impotencia y amargura que no te deja vivir en paz.

No por el hecho de que nos paguen, los terapeutas tenemos que decir a todo que esta bien, lo que podemos ofrecer en terapia es confianza y no enjuiciar ni censurar. La violencia es una conducta indeseable de la que tú eres responsable y si se trabaja en terapia hay que empezar por ahí, por dar la responsabilidad del acto.

Calificar si es normal o no un sentimiento por el objeto que lo provoca es un grave error, se puede amar y desear a personas, cosas, plantas (se puede amar una rosa), animales (Francisco de Asís amaba a los lobos, a los perros, etc.), deportes, aficiones, etc.

DESEO
Hablando tanto de derechos humanos, el individuo “tiene derecho a sus deseos”. Que luego pueda llevarlos a cabo dependerá de varias cosas; desear un objeto inalcanzable por el motivo que sea te llevará a la fantasía que es más patológica que la realidad.
El rechazo mental del deseo (no aceptarlo) conduce a la represión y aparecen los conflictos emocionales que acaban produciendo ansiedad, obsesiones, fobias, enfermedades físicas, etc., o lo que es peor, insatisfacción contigo mismo.
 
Todos somos responsables de ir satanizando emociones y sentimientos normales y enjuiciando a aquellos que se permiten lo que nosotros no podemos. Muchas veces cuando alguien critica ferozmente y con saña algún sentimiento o emoción del prójimo, es por no poder permitírselo él  y además, te lo muestra como una hazaña, “mira yo es que soy así, eso no lo necesito”. La tolerancia en este sentido, parece que pasa por mirarte más que al otro, tus necesidades y carencias emocionales. Una cosa es criticar y otra difamar o calumniar a alguien, esto es una forma sutil de odio.

 
TRISTEZA
Si partimos de que la agresividad, el deseo, el odio, la envidia y la tristeza es algo normal en el ser humano, en psiquiatría hay que prestar atención a las quejas físicas del paciente, por que los sentimientos reprimidos salen en forma de úlceras, de dolores de cabeza, dolor de articulaciones (enfermedades psicosomáticas). El cuerpo se defiende como puede. Mejor sentir que reprimir.
El ser humano en el siglo de oro del positivismo máximo, no puede estar triste, la tristeza vital como emoción normal, no se tolera. Nos decimos todos “me estaré poniendo enfermo”, “no podré soportarlo”, incluso lo notamos también en el consumo de tabaco compulsivo, con alcohol a borbotones, comida a deshoras, llamadas a móviles y facturas impagables o incluso tomando antidepresivos. Nos inventamos como los norteamericanos depresiones sustentadas sobre los acontecimientos vitales normales ( los life events) como la depresión posvacacional, la depresión del nido vacío, la depresión por un divorcio, son estados normales de tristeza vital, salvo que realmente la persona no pueda superarlo sola o sea duradero.

 
SENTIMIENTOS QUE FLUYEN

Los sentimientos nos ofrecen una amplia gama que debemos tener presentes y manejarlas con sabiduría.
La agresividad nos defiende del peligro como los animales, el odio nos permite a veces deshacernos de quien nos estorba aunque sea fantaseando y mentalmente, la tristeza vital es parte de la vida. El camino de buscar tu propio proyecto de identidad se asemeja a las aguas de un río, ir conociéndolo es aceptar las emociones normales sin censurarlas, no mirar tanto el agua del otro, contemplar tus propias aguas, ruidosas y turbulentas cuando las necesites, calmadas y en paz en otras, pero cada vez las verás más transparentes y limpias. El río está en movimiento, nuestros sentimientos también.

lunes, 10 de diciembre de 2012

PROBLEMAS ALIMENTARIOS EN LA ADOLESCENCIA


Dra.Paloma Navarro GómezPsiquiatra
Clínica Mediterránea de Neurociencias

El acto de alimentarse, una función fisiológica de nuestro cuerpo como dormir, se transforma en una forma de vivir y de angustia vital para las personas con trastornos alimentarios.

Cabe pensar que la anorexia definida por dejar de comer, podría y lo es, ser distinta en sus síntomas de la bulimia (atracones de comida y vómitos generalmente). Sin embargo ambas patologías se sustentan y tienen en común, una relación anormal con el acto de alimentarse y en el miedo a engordar, la común “obesofobia” y que presentan también muchas personas que no están enfermas.

Nos encontramos con una adolescencia más temprana que hace años; y por ello los pacientes que acuden con trastornos alimentarios son cada vez más jóvenes. La adolescencia entendida como el paso de la infancia a la vida adulta, hoy en día se presenta desde los 10 años en adelante.

La anorexia, bulimia, obesidad y las adicciones en general, se “ceban” en esta etapa de la vida tan caótica, la adolescencia, ya que es una etapa de cambio físico (la aparición de primeros cambios corporales ocurre entre los 12 y los 14 años, y aún antes) y de madurez sexual y emocional.

El adolescente que vive “mareado” con los cambios en su cuerpo e intenta desvincularse ligeramente de su familia para irse con los amigos y las primeras parejas, se encuentra desprotegido en su nueva identidad que está construyendo. Es ahí donde surgen muchos cuadros de anorexia y también de bulimia.

Realmente hay similitudes entre ambas patologías (anorexia y bulimia) y es que nunca en estos cuadros, la causa se reduce al simple hecho de tener un ideal de belleza, hay algo más sin lugar a dudas.

¡Me niego a comer! No es siempre un cuadro de anorexia, a veces es rebeldía, de echar un pulso a los padres, otras de querer tener mejor cuerpo y otras de autoafirmación de la ideantidad. No siempre hay que alarmarse, lo podemos y debemos respetar, salvo cuando veamos que es permanente, obsesivo en exceso y que la pérdida de peso es llamativa o los vómitos superan a la persona. Antes de alarmarse por conductas anorexígenas (dietas) o buleiformes (vómitos) que pueden ser transitorias, sería útil que las madres conversaran del tema con sus hijas. Las razones por las que uno deja de alimentarse de manera suficiente o adelgaza en exceso pueden ser diversas y esto es lo primero que hay que tener en cuenta para hacer un buen diagnóstico. Un adolescente deprimido puede no querer comer, pero ahí lo que le ocurre es la depresión como nuclear.

La anorexia y la bulimia, son dos caras de la misma moneda, en una no se come nada y en la otra se vómita lo que se come. El caso es son distintas y parecidas, ambas se apoyan en una angustia de tipo existencial que desborda a la persona.

Muchas veces aunque nos cueste entenderlo, perder la infancia, ese cuerpo infantil que pasa a ser un cuerpo adulto, perder la protección de los padres que sentíamos durante la infancia, hace que en esa etapa de pubertad aparezca esa actitud regresiva, “negándose” a avanzar y para ello uno deja de comer y se queda en casa con los papás y su cuerpo de niño en resumen.


Cuando los padres sin darse cuenta, se oponen a la maduración de sus hijos con excesiva protección están “infantilizándolos” en una etapa donde lo que les toca es transformarse, protestar, creer que crean unos valores propios y rebelarse contra la autoridad de los padres. No se debe vivir eso como un ataque familiar, sino como el proceso normal de maduración personal. Cada adolescente tiene su ritmo, como dice el dicho popular “hay gente que madura antes y otra después”. Respetar el ritmo de la persona sin impedir el crecimiento, esa es la clave, ya que madurar a los 15 años, es igual de normal que hacerlo a los 11 o 12 años, porque es el propio cuerpo, con la aparición de los primeros rasgos sexuales femeninos o masculinos quien así lo decide.

Desde hace años desde la psiquiatría se intenta dar respuestas a las causas, y eso se percibe cuando la familia te pregunta varias veces ¿Por qué me ha tocado a mí? ¿Qué he hecho mal?  La verdad, buscar culpables es seguir engañándonos. Partir de la base que siempre unos padres quieren lo mejor para sus hijos, es la verdad. En ese camino de darle al hijo lo mejor, no hay culpables nunca. Sin embargo hay conflictos, dificultades de relación familiares y otros motivos que se deben abordar cuando aparece un cuadro así, de ahí la Terapia Familiar indicada en muchos casos.

Estos trastornos tienen múltiples causas, es así, luego no podemos decir que la culpa es de la sociedad, de la familia, de la paciente, de aquélla amiga que le dijo tal cosa, etc. No hay culpa, hay un montón de factores que al final hacen que surja un trastorno alimentario en un momento dado. Ojalá tuviéramos un solo factor causal, sería más fácil poder neutralizarlo. Pero lo que realmente es tranquilizador y optimista es que estos cuadros se terminan curando casi siempre, de hecho, cronifican del 5 al 7% en adolescentes según los últimos datos. Por ello debemos de seguir explicando y hablando sobre ellos para que tanto familiares como profesionales podamos saber más sobre esta epidemia contagiosa y así ofrecer todos los recursos posibles que tenemos hoy día desde la Salud Mental.

viernes, 30 de noviembre de 2012

A MÁS LONGEVIDAD, MÁS DETERIORO


Dña. Begoña Martínez Pelegrín
Neuropsicóloga. Coordinadora de la Unidad de Daño Cerebral y Rehabilitación de Enfermedades Neurológicas.

El aumento de la esperanza de vida conlleva la aparición de enfermedades en personas mayores.
El actual incremento de la esperanza de vida en la población conlleva que aparezcan enfermedades y síndrome asociados al envejecimiento. Entre aquellos que hallamos en persona mayores se encuentran las relacionas con el cerebro, con la función cognitiva: el deterioro cognitivo leve y las demencias.

En la actualidad existen divergencias sobre las bases teóricas del deterioro cognitivo leve (DCL) pero es un concepto que se usa para definir un síndrome clínico que aparece en personas mayores donde sucede un deterioro de los procesos mnésicos, es decir, una alteración en la memoria.

Entre los criterios diagnósticos que actualmente se utilizan entre los profesionales para catalogar el DCL se incluyen quejas de pérdida de memoria, preferiblemente corroborado por otra persona (familiar o cuidador) que deben ser corroboradas mediante la realización de test neuropsicológicos como una alteración de la memoria con respecto a lo que correspondería para la edad  y el nivel educativo.

Estudios poblacionales muestran que la prevalencia del DCL es de un 30% en personas mayores de 65 años. Al igual que ocurre con las demencias, el DCL aumenta con la edad y con el menor nivel educacional.
Dicha prevalencia lleva a que las quejas sobre la función cognitiva de los pacientes sea un motivo creciente de demanda de atención neurológica, por un lado y de un aumento en la investigación sobre enfermedades neurodegenerativas y el DCL.
Se cree que este grupo de pacientes tiene un riesgo elevado a desarrollar la enfermedad de Alzheimer, sugiriéndose que entre un 10-20%% de estos pacientes desarrollan la enfermedad en comparación con un 1-2% de personas sanas de la misma edad.

La aparición de diferentes síntomas y la evolución de los mismos suponen que aunque en fases iniciales las actividades de la vida diaria aparecen conservadas, es a través del tiempo cuando surge el menoscabo de las mismas, convirtiéndose en una preocupación tanto de la persona afectada como de la familia, disminuyendo la calidad de vida en este grupo de población.
Por todo ello se hacen necesarias dos cuestiones importantes:
-La primera de ellas tiene que ver con la detección temprana del cuadro, que resulta de especial importancia dada las tasas de desarrollo de una enfermedad neurodegenerativa posterior.

En la actualidad, tanto la investigación como la actividad clínica nos han dotado de pruebas diagnósticas que nos ayudan a detectar estos primeros síntomas, de entre ellas las evaluaciones cognitivas-neuropsicológicas toman un importante papel. En este nuevo grupo de pacientes se está desarrollando una amplia línea de investigación que busca definir factores predictores de demencia y encontrar estrategias terapéuticas para retardar un deterioro cognitivo mayor, y evitar una mayor afectación sobre la calidad de vida de estas personas.
Pero no sólo esta detección recae sobre los profesionales clínicos, sino que un papel fundamental descansa sobre aquellos que conviven con el afectado. Pequeños olvidos son los primeros que dan la pista. Descuidos en el hogar como no tender una lavadora, dejar un cazo en el fuego, pequeños desarreglos en el aseo personal, preguntar varias veces lo mismo, repetir tareas que se acaban de hacer, olvidarse del nombre de algunas personas, aumento de síntomas ansiosos o agitación son señales que pueden pasar desapercibidas y que no tienen por qué significar nada, pero si se repiten en el tiempo, deben avisarnos de que es posible que un problema esté apareciendo.

-Por otro lado, surge la necesidad de tratamiento  de este grupo de población. Actualmente no disponemos de ningún recurso que evite la aparición de una enfermedad neurodegenerativa, pero sí contamos con medios que permiten retrasar los síntomas asociados, síntomas cognitivos, psiquiátricos, conductuales y por ello de retrasar un descenso en la calidad de vida de estas personas.
La terapéutica no es sencilla. Los recursos farmacológicos de los que disponemos son limitados, no dando respuesta a esta problemática en estadíos tempranos. Uno de los recursos que apunta a mejorar los síntomas que se presentan y retrasar la posible aparición o gravedad de otros son las terapias que se engloban dentro de lo que se conoce como “estimulación cognitiva”. Dentro de estas terapias se persigue el estimular, a este grupo de población a través de talleres o programas de memoria, atención y actividades de la vida diaria con el fin de mejorar la sintomatología que presentan, preservar aquellas funciones susceptibles de cambio y entrenar en hábitos importantes para la autosuficiencia en el manejo de lo cotidiano. Así mismo es un buen recurso para la familia, puesto que por un lado reciben información y claves para ayudar al manejo diario del día a día y los efectos que la pérdida de memoria u otras habilidades suponen. Por otro lado son entrenados para ser un apoyo importante dentro de la compensación y mejoría de las pérdidas que implica la disfunción cognitiva. Además conviene tener en cuenta la alimentación mantener una vida social y familiar activa, seguir realizando todas las tareas cotidianas que sean posibles y realizar algún tipo de ejercicio físico.

En conclusión, ésta es una realidad cada vez más frecuente en nuestros hogares. Realidad que debe ser tomada en cuenta tanto por profesionales y familiares para detectar y tratar cuando todavía no se ha producido un deterioro significativo de las actividades de la vida diaria y que nos permita mantener y cuidar al máximo de las posibilidades disponibles la calidad de vida de nuestros mayores.

martes, 27 de noviembre de 2012

TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD: Un futuro esperanzador


En los comienzos del siglo XXI en la Salud Mental nos hemos encontrado desbordados en las consultas, desde la Anorexia y Bulimia hasta las adicciones múltiples, llegando a los Trastornos de la Personalidad.

Siempre se ha asociado el término locura a unos pacientes que están “fuera de la realidad”, a la psicosis principalmente, pero ¿no está fuera de la realidad el maltratador o la anorexia o simplemente nosotros cuando no aceptamos que no está todo lo que queremos disponible llegando a enloquecer como niños? Vamos a respetar la palabra locura y dejarla a un margen.

Cuando se definió el término locura, los “locos” eran encadenados con cadenas pesadas para que no se escaparan y considerados endemoniados en los antiguos asilos. Fue Pinel, médico del siglo XVIII, quien les quitó las cadenas, los limpió y dijo que no estaban embrujados, comenzando a tratarlos dignamente como enfermos y como personas. Desde entonces, han pasado muchas cosas y la salud mental ha avanzado hasta el dia de hoy de forma exponencial, pero tenemos que seguir quitando cadenas.

 El Dr. Lopez-Ibor advierte textualmente que “los principales males que centran la atención en el campo de la psiquiatría de nuestra época ya no son los extraños locos de los asilos o de las calles, sino fenómenos de suicidios en adolescentes, violencia juvenil y doméstica o el abuso de drogas”.

Lo primero a plantear es la idea de si son enfermos o no. Tal vez lo más prudente sea deducirlo, decir que si acuden al psiquiatra, psicólogo, urgencias, etc., con sufrimiento, autolesiones, ideas suicidas y conflictos en general, será que “algo” les pasa. En mi opinión claramente son enfermos, pero las cadenas las tienen puestas  “en su carácter” principalmente y esto no se entiende tan claro y nítido como se podría entender en una enfermedad muy conocida como es la Esquizofrenia, de ahí que sus familiares se desesperen todavía más.

Desde las definiciones que se han dado, podría decirse de los Trastornos de la Personalidad que son aquellas personas con dificultades claras arraigadas en su carácter y en su conducta, con dificultades que se empiezan a manifestar con claridad en su juventud.

 Lo más fácil primero sería entender qué es la personalidad. En el ser humano hay como un trípode que lo conforman la constitución (el cuerpo), el temperamento y el carácter.

Lo que ocurre es que la constitución y el temperamento (determinada forma de reaccionar congénitas) obedecen más a la herencia genética y el carácter, sin embargo, surge cuando interacciona eso que traemos de casa (el temperamento) con el medio ambiente (padres, amigos, hermanos, rupturas, humillaciones, etc.) y de esa interacción que se va formando desde que somos pequeños surge el carácter.

Pero es que, además, lo que coloquialmente se denomina “mi forma de ser” (el carácter) es un peso muchas veces para la persona, porque es una forma “automática” en la que “yo” me manejo todos los días porque he aprendido a hacerlo así para defenderme de la vida, por eso hay gente más masoquista que otra, otros más extrovertidos, otros más solitarios y otros tremendamente suspicaces que sospechan hasta de su sombra.

 En los Trastornos de la Personalidad es donde hay un carácter patológico que dificulta la convivencia consigo mismos y con los demás, todo esto de una forma repetitiva como hemos dicho, automática y permanente en su vivir diario. Según en que área vital se está produciendo el sufrimiento se podrá hablar de un tipo u otro de Trastorno de Personalidad. Pero más allá de los tipos, lo que importa es que ese desequilibrio emocional y vital, común en casi todos, crea una angustia devastadora y  se trasluce apareciendo dificultades en la familia, el trabajo, la salud, el amor, y también las conductas anómalas por las que se expresa este desequilibrio: adicciones, trastornos alimentarios, violencia física y/o verbal y los intentos suicidas. Muchas veces estas conductas son vías de escape a esta gran angustia que sufren, pero no su patología central (el carácter).
 
Lo que queremos transmitir es un futuro más esperanzador para estos pacientes, porque psiquiatras y psicólogos tenemos mayor conocimiento teórico de ellos. La investigación biológica y genética así como en Neuroimagen están fuertes en este campo, igual que el avance de una psicoterapia más específica para ellos.

Estamos claramente más preparados que antes y aunque se habla alguna vez como los “nuevos pacientes crónicos”, ya no es lo mismo, quitaremos poco a poco sus cadenas y seguiremos trabajando por darles el espacio digno que se merecen en la salud mental de hoy.


Dra. Paloma C. Navarro Gómez
Psiquiatra. Clínica Mediterránea de Neurociencias

lunes, 18 de junio de 2012

LA NEUROPSICOLOGIA EN LA CMN


Dña. Tamara James Ortega, miembro del Departamento de Neuro-psicología de la CMN nos responde a algunas preguntas muy interesantes para los pacientes y familiares de éstos:

P- ¿Dña. Tamara, en qué tipo de atenciones se centra este departamento de la CMN?
Tamara J. - Este departamento se centra especialmente, en atender aquellas afectaciones que provienen de un daño o una lesión del sistema nervioso central, provocado por un daño cerebral adquirido o sobrevenido. 
 
P- ¿Esta unidad tiene más pacientes adultos, jóvenes o no existe una identificación con la edad?
Tamara J. - Realmente no existe una atención relacionada con la edad. Sin embargo, sí es cierto que debido al estilo de vida y a la exposición a determinados hábitos dañinos, hace que la población adulta sea más propensa a sufrir ciertas patologías vasculares. Lo que no resta para que la población infantil no presente o desarrolle este u otro tipo de patologías cerebrales.

P- ¿El trabajo en este departamento tiene principio y fin o es un trabajo indefinido?
Tamara J. - Aunque depende de la afectación de cada paciente, intentamos que el tratamiento tenga una persistencia en el tiempo, que ayude a mejorar la calidad de vida del paciente y de sus familiares.

P - En el paciente se producen cambios en el estado anímico, hay que trabajar por lo tanto la parte emocional ¿este departamento asume el trabajo en esta parte?
Tamara J.- Prestar atención a nuestros sentimientos y emociones resulta fundamental, ya que una rehabilitación neurológica no debe de contemplarse sin un enfoque holístico e integral que permita la relación entre disciplinas.

La intervención psico-terapeutica es de crucial importancia, puesto que se basa en atender los aspectos emocionales que desestabilizan el equilibrio y el desarrollo personal. 
 
La rehabilitación afectiva del paciente tiene como objetivo, evitar la desconexión con el entorno, favorecer las necesidades personales, aumentar la autoestima y fomentar la autonomía de los pacientes.

P - ¿Qué tipo de trabajo se realiza con el paciente, en qué se centra?Tamara J. - El tipo de abordaje que realizamos se centra en la recuperación y en la compensación de las capacidades funcionales para favorecer la reorganización cerebral.
La rehabilitación cognitiva se basa en la realización de tareas y ejercicios específicos enfocados a trabajar distintas áreas y funciones.

P - Qué consideras importante en el trabajo diario con ellos
Tamara J.- La relación con los pacientes nos brinda la oportunidad de percibir la voluntad y el esfuerzo constante que se transmite por vivir.
P - ¿Todos los pacientes son residentes en la Clínica o algunos son ambulatorios?
Tamara J. - Existen pacientes que debido a sus condiciones de salud, deben ser hospitalizados, ya que precisan de un cuidado especifico y de unas necesidades asistenciales básicas que en casa no pueden ofrecerles.

Sin embargo, la mayoría de nuestros pacientes reciben tratamiento en régimen ambulatorio acudiendo regularmente desde su domicilio a nuestra unidad bien de manera inicial o como continuación después de la hospitalización.
P - Es imaginable que, además, hay que ayudar a las familias a que entiendan que hay un cambio en las personas cuando se produce un A.C.V. y que por lo tanto debe existir una nueva forma de relacionarse con ellas ¿cómo aborda la CMN este aspecto?
Tamara J. - Existe una escuela de familia, que coordina Begoña Martínez Pelegrín, que ofrece un servicio de orientación y asesoramiento familiar.
La CMN ayuda, por lo tanto, a que exista una adaptación del núcleo familiar a la nueva situación, ofreciendo información y pautas para el desarrollo de habilidades de manejo de los problemas que puede presentar el paciente.

P - ¿Cómo es el día a día para el médico? Trabajando con personas con cierta dificultad, ¿no le llega el desánimo también al médico?
Tamara J. - No creo que la palabra sea “desánimo”. Si es cierto que muchas de las personas que han sufrido un daño cerebral presentan problemas conductuales y alteraciones emocionales que afectan a su conducta habitual, pero es una condición añadida a nuestra profesión, y lograr manejar la situación para obtener el máximo nivel de funcionalidad resulta altamente gratificante.
P - Algo que también considera importante en el departamento...
Tamara J.-  Un aspecto muy importante dentro de nuestro departamento es la comunicación entre profesionales.
Varios días a la semana celebramos reuniones informativas para abordar con individualidad cada caso, establecer objetivos y revisar tratamientos. La finalidad de esta comunicación reside en de reeducar, rehabilitar y/o compensar los déficits físicos, sensoriales, cognitivos y conductuales derivados del daño cerebral.
P - Ventajas que ofrece la CMN al paciente.
Tamara J.- Disponemos de un equipo médico  multidisciplinar que permite además de ofrecer una asistencia integral e intensiva, unificar criterios de diagnóstico y tratamiento.
Además también disponemos de instalaciones totalmente equipadas como una piscina cubierta climatizada y una sala adecuada y adaptada para entrenar las actividades básicas de la vida diaria. Espacios necesarios de trabajo, que ofrecen las mejores condiciones para la recuperación e integración de los pacientes. 
 
P - ¿Qué es lo primero que habría que trasladar siempre a un paciente de A.C.V.?

Tamara J.- Es importante transmitir desde el inicio paciencia y confianza, tanto al paciente como al familiar. La recuperación es un proceso variable que depende de la afectación y la lesión neurológica. Normalmente el proceso de rehabilitación suele ser largo y por lo que de prevalecer el respeto y la sensibilidad, para percibir y comprender la delicada situación de cada paciente.

Muchas gracias Dña. Tamara por estas respuestas que nos han aclarado muchos conceptos entorno a los servicios que presta la CMN a los pacientes que llegan con Daño Cerebral Aquirido a sus instalaciones, seán del origen que sean.